viernes, 15 de diciembre de 2017

Ruta 194. Circular desde Huesa, Los Rincones, Collado del Madroñal, La Mesa y Rambla de la Matanza.

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Huesa – Camino de del Rincón - Área Recreativa de La Boca del Caballo – Alberca y Cueva – Viejo Camino del Madroñal – Collado del Madroñal – Camino de la Cañada Real de la Rambla de la Teja    Lapiaz del Poyo de las Ovejas – Collado del Barranco del Tizón – Cuerda del Reloj – Camino de La Mesa – Cortijo de La Mesa – Rambla de la Matanza – Cortijo de la Azadilla – Huesa.





13 km – 800 m.d.+.a – 13/12/2017
 



Llevábamos tiempo esperando que Juan pudiera guiarnos por la Sierra de “El Caballo” en Huesa. Este miércoles pudo acompañarnos y disfrutamos de una jornada estupenda. Por un lado una ruta de medio día guiada por Juan Alcalá y su padre, por otro lado la comida de hermandad que “los frescales” tenemos costumbre de celebrar cuando va terminando el año.

A las 8:30 salimos del Bar Avenida de Huesa, nuestro guía Juan y su padre nos llevan por las calles de Huesa hasta el Camino del Rincón, pasando por la Cortijada del Rincón Bajo y un poco más arriba la Cortijada del Rincón Alto. 




Pasadas las casas el camino se vuelve pista de tierra que conduce hasta un merendero de “Área Recreativa de La Boca del Caballo” junto al Arroyo de las Cerradillas, pero nuestros guías nos llevan por el viejo camino que sube algo más empinado buscando la linde de olivos más cercana a las paredes calizas de El Caballo.



Vamos ganando altura y vistas, el sol ilumina la yesera en el llano, primeras luces desde la umbría en una mañana gélida. Juan que conoce la zona muy bien, nos indica nombres y nos adentra en la historia de Huesa,




frente a nosotros un impresionante embudo entre dos paredes verticales, a la derecha de ese embudo está la conocida Calle de los Moros.





http://www.huesa.es/export/sites/default/galerias/galeriaDescargas/municipios/Huesa/Pdf/Proyecto_xrea_Recreativa_Boca_del_Caballo.pdf
 



Seguimos el camino en suave ascenso entre olivos convertido en sendero para pasar por otra zona donde se divisan restos de paredes de piedra, nos cuenta que es lo que queda del Castillo de Huesa, bien de sus torreones o de sus muros defensivos. Aquí se encontraron numerosos objetos pertenecientes a los “Moros” que resistieron como último reducto de ocupación en la reconquista de “La Sierra”.
“Es Alfonso X el que hace referencia de la presencia de dicha "edificación militar" cuando hace el otorgamiento al concejo de Úbeda, de los castillos de Huesa, Tíscar y Belerda, antes en posesión Mohamad, hijo de Haudan.”
“Tras la conquista de Quesada y Cazorla en el año 1231 por el obispo Ximénez de Rada, los núcleos de Huesa, Tíscar y Belerda, se mantuvieron independientes bajo la dirección de mohammed Handon. En el año 1275, y aún sin conquistar, Alfonso X las cedió a Úbeda, quedando como un islote de realengo dentro del adelantamiento. Esta situación se solventó cuando Alfonso XI entregó Quesada al concejo de Úbeda en el año 1331.”

Volvemos a enlazar con la pista y un poco más arriba termina, cerca está la alberca y cueva, por donde parte y comienza el verdadero, antiguo y primitivo Camino del Madroñal. Un primer tranquillo en forma de zigzag sube por la parte más cómoda del Barranco del Arroyo de las Cerradillas, al fondo se observan formaciones rocosas con caprichosas formas, agujas de caliza y paredes verticales. Entre agujas y paredes nos cuenta Juan que sube el camino a El Caballo y las Cumbres de Poyatos, nos dice que hay pasos malos por los desprendimientos y la valla cinegética del Parque.
Sinuoso, bien ahormado, sin dificultad va subiendo este camino hasta encontrarnos con un tobazo, su forma se asemeja a un calamar y así lo bautizaron las hijas de Juan en uno de sus paseos.

De aquí hasta la fuente hay una traza bien marcada del camino, sabiamente diseñado por la ladera y que de manera cómoda nos acerca hasta la fuente, escondida de los jabalís para que no la destrocen. A pocos metros un tornajo de madera abandonado y con signos evidentes de deterioro, cerca de este un covarrón que sirve de lugar descanso y donde guardar el hato al pastor de la zona.

Sigue el camino a tramos empinado, a tramos suave, por una umbría que corta la respiración, zonas de nieve helada y denso pinar por la ladera del Cerro del Madroñal y que termina en una explanadilla, Collado del Madroñal.

Vistas impresionantes del Picón del Rayal, Picón del Guante  y Cerro Villalta o Aguilón del Loco. 


Abajo la carretera C-323 del Puerto de Tíscar y la Atalaya del Infante Don Enrique

            "La Atalaya del Infante Don Enrique es un vestigio histórico de gran relevancia junto al Castillo de Tíscar. Su función era la de vigilar el movimiento de tropas en el camino del reino nazarí de Granada en la época de la Reconquista. Es una construcción cristiana que se levanta sobre una altitud de 1.183 metros sobre el nivel del mar; mandada construir hacia el siglo XIII por el infante Don Enrique, hijo de Fernando III el Santo y hermano de Alfonso X el sabio. Es de sección circular, construida con aparejo de mampostería regular y sillarejo, pudiendo acceder a su interior a través de un hueco situado a 3.50 metros del suelo, hoy día accesible gracias a una escalerilla metálica. Sobre la entrada dos escudos, uno de ellos ilegible y el otro perteneciente al Infante D. Enrique."


Y pese a la nieve la traza de los distintos caminos que aquí confluyen.


El Collado del Madroñal es el cruce de caminos. Por un lado el que sube desde Huesa y conocido como “Camino del Madroñal”, otro el que baja al Puerto de Tíscar y uno más que sube al Cerro de las Carboneras, lo curioso es que esos caminos discurren por la Cañada Real de la Rambla de la Teja y el Cordel de la Atalaya. Mirando con detenimiento mapas de distintas ediciones entiendo que la Cañada Real de la Rambla de la Teja parte cerca de la Venta del Barco, discurre paralela al Río Guadiana Menor y pasa por El Cortijuelo, Collejares, Puente de la Teja y El Cerrillo, sigue al sur de Los Rosales, atraviesa La Mesa y la Rambla de la Matanza, pasa por el Collado del Barranco del Tizón, Collado del Madroñal, pasa por el Cerro Madroñal, Cerro de las Carboneras, Cumbre de Poyatos y se descuelga hasta los llanos entre el Río Tíscar y el Río de la Canal cerca de la aldea de Arroyo Molinos.
En el Collado del Madroñal se bifurca en el Cordel del Chorro a la Atalaya, se adentra por el Garbanzal, cruza el Río Extremera, sigue entre la Cueva de la Higuera y el Barranco de las Vacarizuelas. Aquí termina el Cordel y comienza la Cañada de la Tejadilla al Gilillo, pasando por la Fuente del Prado de las Uvilla o “Ubillas”, Collado del Gilillo, Monte Sión, Los Peralejos y finaliza en Toya.

Ya sabemos que esto de la toponimia es un lío, los mapas de distintas ediciones y de distintas fuentes cambian los nombres, los corrigen, los renombran, cambian de ubicación, etc. Como ejemplo pongo dos cerros que pasamos cerca de ellos y que dependiendo de la fuente los nombra de forma diferente e incluso cambian uno por otro.


El Cerro del Madroñal:

  • IGN "Madroñal"
  • Mapa impreso 1997 "Carboneras"
  •  Mapa impreso 2003 "Madroñal"

El Cerro de las Carboneras:

  •  IGN "Carboneras"
  • Mapa impreso 1997 "Caballo de Quesada"
  •  Mapa impreso 2003 "Carboneras"
  •  Lugareños "El Caballo de Huesa"

Siguiendo el camino que discurre por la Cañada Real llegamos al lapiaz del Poyo de las Ovejas, nos dejamos caer al Collado del Barranco del Tizón que tributa sus aguas por el noreste al Río Extremera, lugar donde se descuelga la Cañada Real buscando Los Rosales por la ladera suroreste, pero nosotros seguimos a la derecha por La Cuerda del Reloj, sorteando riscas por pasos y trancos sabiamente trazados. La sucesión de navillas altas y puntales nos acompañan en el camino, resulta entretenido a la vez que espectacular, pasar por colladillos, trancos y navas.  

El día acompaña y las vistas son impresioantes, frente a nosotros la Cuerda del Gilillo y la Cuerda de los Agrios, El Garbanzal, Río Extremera, la Cueva de la Higuera y su casa forestal, Rincón de Béjar, Puerto Lorente, Cerro del Púlpito, etc.




Llegamos a una navilla, un llano frente al Cerro Vitar y de aquí parte un viejo camino que baja al Puerto de Tíscar y Quesada. De frente continua el sendero que busca el Collado de Vitar, Puerto Ausín y sube al Cerro Vitar, y el que llevamos que se descuelga buscando los llanos de La Mesa. De este cruce a 1200 m.s.n.m. hay que bajar hasta los 640 m donde están los coches.

La primera parte del descenso hay que tomarla con precaución, la traza marcada es una senda de animales, si bien apreciamos recalzos ahormando el camino este está bastante perdido, a esto hay que sumar el deshielo de la nieve lo que hace aún más resbaladizo el terreno.

Llegamos a la valla cinegética del Cortijo de la Mesa, bajamos pegados a ella hasta la cabecera de la Rambla de la Matanza. Pasado el cortijo nos metemos en el cauce seco de la rambla por donde cruzamos la cañada real de nuevo.

El barranco erosionado se convierte en una sucesión de toboganes de más o menos altura, depósitos de graba y vegetación en la parte alta y piedra lavada en los tramos medios. Al principio se  baja si dificultad, luego hay saltos que a pesar de estar secos vemos mejor salvar por la ladera de la Rambla. En tramos descendemos por el cauce en tramos sorteamos los desniveles (cascadas sin agua) por una u otra ladera y volvemos a bajar al cauce hasta la zona que definitivamente nos desviamos del cauce para coger de nuevo el viejo camino, entramos aún visible, que en su día usaban a diario los moradores y trabajadores de estas sierras. Nos cuenta Juan que las mulas bajaban cargadas desde la cumbre y el camino cruzaba la rambla en repetidas ocasiones, habiendo años que el agua llegaba a la panza del animal cuando vadeaban la Rambla de la Matanza.

Llegamos a un cultivo abandonado de almendros y las ruinas de lo que en su día fue el Cortijo de la Azadilla o “Lazadilla”, en el puntalillo más extremo del cortijo sobrecoge la vista de la Rambla de la Matanza.

De aquí el sendero es visible y baja bastante empinado hasta la zona de olivar, pasando cerca de la Fuente del Juncal y llegando a la vieja báscula de Los Rincones. Un par de calles más abajo está el Bar Avenida donde esperan los coches. Es hora de desplazarnos a Quesada donde esperan parte de los frecales que vienen a la comida y no han podido hacer la ruta. El Curioso es el restaurante donde comemos, buen sitio, mejor compañía y extraordinario recorrido que comentamos con los ausente a la ruta, de vuelta nos acercamos de nuevo a Huesa para degustar unos pasteles de nuestro guía Juan y su esposa que regentan una confitería. Pequeños detalles que hacen grande un día.